lunes, 28 de diciembre de 2009

Francisco Serrano responden a los colectivos feministas.

El titular del Juzgado de Familia número 7 de Sevilla responde en este artículo a los colectivos feministas que le han acusado de ser portavoz de maltratadores

FRANCISCO SERRANO

Desde pequeño, mis padres -padre y madre naturalmente- me inculcaron, entre otros valores, el de procurar alejarme de la hipocresía. Por desgracia hoy vivimos en una sociedad alienada por una gran mentira de Estado, que constituye la más hipócrita contrarreacción a la cordura, la sensatez y el auténtico sentido de justicia e igualdad. Una reacción que ha terminado contaminando todas las instituciones y resortes de poder, y que, por decreto, bajo pena de garrote vil, nos induce a ser complacientes y dóciles con su doctrina. Yo soy de los que mantiene que la igualdad y la libertad no se imponen, se conquistan. La libertad la ha conquistado la sociedad española, que se ha dotado de una democracia en la que todos gozamos de derechos y libertades; la igualdad entre hombres y mujeres ha sido conquista de estas últimas, por esfuerzo, tesón, sacrificio, mérito y demostración de capacidad, y ello indudablemente tras una historia marcada por la desigualdad. La mujer moderna del siglo XXI, afortunadamente, no tiene nada que ver con el estereotipo de mujer florero, subsumida al varón de hace 40 años. Indudablemente, pueden persistir situaciones de discriminación, desigualdad y relación de poder, que hay que combatir y erradicar, pero resulta injusto, humillante y margina a esas mujeres que se han hecho a ellas mismas, que por el mero hecho de pertenecer al género femenino, deban de recibir una protección extraordinaria adicional, ser calificadas como víctimas por el mero hecho de ser mujeres y requerir de tutela institucional y normas de discriminación positiva. Con el franquismo existía otro tipo de machismo protector de la mujer, un ser humano inferior digno de protección social al ser susceptible de manipulación y engaño, de ahí que la mujer quedara amparada por la tutela marital. La mujer, pues, será libre e igual cuando sepa reconocer que la peor rémora que le impide superar el techo de cristal para conseguir en igualdad el acceso a posiciones de dirección, decisión, responsabilidad y poder, lo constituye el nuevo postmachismo que lidera el movimiento feminista integrista y radical. Un movimiento que se fundamenta en una doctrina de pensamiento único, que no acepta y tolera debate sobre sus dogmas, una nueva ideología de género de corte totalitario y que trata por todos los medios de silenciar al disidente. Todas las mujeres están en situación de discriminación y desigualdad con respecto al varón en la relación de pareja o expareja, y esa premisa, intocable, justifica la redacción de una norma, bienintencionada y necesaria por principios, pero perversa e injusta en sus resultados. Sería estúpido negar la existencia de mujeres que han sufrido y siguen sufriendo maltrato machista, pero la sociedad ya percibe que una injusticia no puede ser contrarrestada con otra injusticia. Personalmente, llevo luchando en beneficio de las mujeres maltratadas que padecen miedo, humillación, vergüenza y auténtica desigualad y asimetría con respecto al maltratador, que, muchas veces, no requiere de la agresión física para anularla como persona, desde mucho antes de la entrada en vigor de la Ley de Violencia, desde mucho antes de la aparición de los demagogos nombrados a dedo que hoy sostienen la bondad del instrumento legal por ellos ideado, sin fisuras, sin admisión de réplicas: según su plan estratégico ideológico, no existen denuncias injustas e infundadas, bajo la perspectiva del derecho penal de autor en que se basa la norma, y según el cual la gravedad del acto cometido no lo aporta el contenido del propio acto ilícito sino la pertenencia al género masculino. No existen niños manipulados alienados y adiestrados en el odio hacia el otro progenitor, pues se consagra que ello es un invento de maltratadores. No existen denuncias radicalmente falsas de mujeres despechadas a quienes se les brinda apoyo institucional y marco legal para conseguir su propósito de venganza. No existen hombres injustamente detenidos, maltratados y a los que, muchas veces, sólo les queda la digna vía del suicidio… Ya no es cuestión de datos estadísticos, que además sólo tienen capacidad de elaborar quienes con ellos pretenden sólo confirmar sus planteamientos ideológicos, unos datos que admiten distintas interpretaciones, unos datos que sería conveniente contrastar con la realidad de la calle, que ya ha empezado a reconfigurar su consciencia del problema. El debate social está abierto, sin que la nueva inquisición que ya controla el Legislativo, el Ejecutivo, y gran parte del Cuarto Poder mediático, pueda intentar aplastar por la fuerza a aquellos miembros del Poder Judicial cuyo único pecado es ser independientes e imparciales, negándose a estar contaminados por esa perniciosa ideología de género que tanto daño está haciendo a la mujer moderna y a las familias. Y sin que se pueda en estos tiempos cercenar la libertad de pensamiento, expresión y opinión, pues quien se atreve se convierte en maltratador. Siempre el mismo pobre discurso descalificador e infamante. Resulta triste que un compañero juez me haya tenido que mandar, como muestra de ánimo y apoyo, la letra de una canción de Nacha Guevara que es un reto a las dictaduras y un canto a la libertad: Por el pájaro enjaulado/ por el pez en la pecera/ por mi amigo que está preso/ porque ha dicho lo que piensa…/ Yo te nombro Libertad. Esperemos, esperanza amarga que comparto con don Miguel de Unamuno, que la fuerza de la razón se imponga a la razón de la fuerza, y que políticos inteligentes y honestos perciban que esa necesidad de cambio y reforma que muchos proclamamos, como mayoría silente desde las catacumbas, al margen de ser una demanda a voces de lo socialmente correcto, puede sumar réditos electorales, pues las mayorías despiertas también votan y son las que pueden ayudar a ganar una elecciones.

Francisco Serrano es titular del Juzgado de Familia número 7 de Sevilla

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