martes, 24 de mayo de 2011

La superioridad biologica de la hembra. Racismo progresista.

Richard Herrnstein y Charles Murray publicaron en 1994 un libro que causó un enorme revuelo. No solo en Norteamérica, sino en todo el mundo. En contra, sobre todo. Incluso se creó en Estados Unidos un comité para analizar el libro por si pudiera ser constitutivo de algún tipo de atentado a los derechos humanos y a la igualdad racial.

El libro se llamaba The Bell Curve y su contenido fue calificado por algunos como "la nueva ofensiva racista". La tesis que dio lugar a tanto escándalo era la de las diferencias genéticas entre razas; básicamente, entre los blancos y los negros. Los autores revisaron los datos del Estudio Longitudinal Nacional de la Juventud, realizado regularmente por el Gobierno estadounidense, y observaron diferencias en los resultados de los test de inteligencia de negros y blancos. Los resultados de los blancos eran mejores que los de los negros. A partir de estos datos, los autores afirmaron que la inteligencia se hereda en un porcentaje de casos que se sitúa entre el 40 y el 80 por 100, y que las diferencias no solo se explican por factores externos como la dieta y la educación, sino también por el componente innato, biológico, heredado. Y ahí estaba el escándalo, puesto que, según Herrnstein y Murray, las diferencias entre negros y blancos en los test de inteligencia a favor de los segundos se deben también a los componentes innatos. O, lo que es lo mismo, a la superioridad biológica de los blancos.

La repercusión del escándalo alrededor de The Bell Curve tuvo bastante que ver con el prestigio científico de los autores y con la consistencia argumentativa, respetable, al menos, del libro. Sus teorías tenían la suficiente enjundia intelectual para ser discutidas. Pero, sobre todo, el meollo de todo el debate estaba en el tabú que los autores habían transgredido al plantear una posible superioridad intelectual de base genética de los blancos sobre los negros.

Es bien sabido que tamaña teoría es indefendible desde el punto de vista ideológico en la comunidad científica y en la comunidad democrática. Pero no tanto porque existan también muchas teorías y evidencias científicas en contra. Esa razón por sí sola no evitaría la aparición de teorías contrapuestas. El tabú alrededor de la tesis de las diferencias biológicas entre negros y blancos se debe al hecho de que los grupos racistas y la propia discriminación racial ejercida en su tiempo en algunos países, Estados Unidos entre ellos, contra los negros, sostenía esa supuesta diferencia biológica. La biología se había usado o manipulado al servicio del racismo, por lo que su uso, sospechoso, quedaba proscrito de la investigación.

Dado que la ciencia se puede manipular en cualquier dirección, también en la del racismo, cabe reconocer un sustento ético sólido en el tabú. También resulta comprensible el enorme revuelo causado por The Bell Curve. Por las mismas razones, sin embargo, lo que resulta extraordinariamente llamativo es el alto grado de aceptación y la popularidad que han alcanzado otras teorías sobre la superioridad biológica. En otro campo, claro está.

Me refiero a la superioridad biológica de las mujeres. Aquello que en relación con los negros es un atentado contra la democracia y los derechos humanos, se convierte en una interesante, sugerente y progresista teoría cuando de diferencias entre hombres y mujeres hablamos. A pesar de que el determinismo biológico, la capacidad de manipulación y, sobre todo, el mensaje de inferioridad sobre otros grupos, en este caso, el de los hombres, sea exactamente el mismo.

Ashley Montagu fue un antropólogo y biólogo británico, nacido a principios del siglo XX en Londres, bajo el nombre de Israel Ehrenberg. Desde muy joven tuvo instinto para la comunicación y la publicidad, por lo que se cambió el nombre al mucho más comercial de Ashley Montagu. Pero, además, era un antropólogo con ideas renovadoras y con valentía para romper algunas de las barreras culturales del siglo en el que le tocó vivir. Montagu fue conocido por cuestionar la validez de la raza como concepto biológico. Pero también por publicar en 1953 The Natural Superiority of Women.

El mismo antropólogo que cuestionó el concepto de raza y las teorías de las diferencias raciales, teorizó, en cambio, sobre las diferencias biológicas entre hombres y mujeres. Y, lo que es aún más interesante, sostuvo la superioridad biológica de ellas sobre ellos. Según Montagu, las mujeres tenemos un sistema inmunológico más poderoso que nos protege mejor y nos permite también una recuperación más rápida de la fatiga, la enfermedad, un shock o el hambre. Nuestro cerebro, por otra parte, es más pequeño que el de los hombres, pero con mayor coordinación entre los hemisferios y, como consecuencia, más desarrollado estructural y funcionalmente, y capaz de pensar de manera más profunda e intuitiva que el cerebro masculino. El resultado de todo ello es, según Montagu, que las mujeres somos más perspicaces y tenemos más resistencia y longevidad.

Después de la parte biológica llegaba la ideológica y la política, si damos por supuesto, claro está, que lo relatado más arriba fuera puramente biológico. Montagu proponía una reconstrucción de los valores y la cultura de la sociedad estadounidense en la que el dominio físico, la agresividad y el consumismo dieran lugar a otros atributos humanos y habilidades. ¿Cuáles? Los femeninos, claro está, o lo que Montagu consideró femeninos. Y aquí pasamos a los valores del autor sobre la condición femenina, el objetivo de la supuesta superioridad biológica. Sencillamente, la maternidad. Según Montagu, la renovación de la cultura estadounidense será protagonizada por las mujeres, puesto que ellas serán las únicas capaces de aportar un nuevo espíritu humanitario, ya que están mejor dotadas para ese fin, por el amor de la madre hacia su hijo.

Dejemos a un lado por el momento la vuelta de Montagu a la tradición a través de la supuesta revolución, o la proclamación de su superioridad biológica en contra de la proclamada superioridad masculina a lo largo de los tiempos para acabar instalado, Montagu y, con él, las mujeres, nuevamente en la tradición. Es decir, en la maternidad, en la función esencial de las mujeres en la historia de la humanidad, la misma que justificó su apartamiento de la igualdad.

Lo más interesante de esta teoría de la superioridad biológica de las mujeres es que no solo no fue rechazada en su tiempo por su biologicismo discriminatorio, sino que ocurrió todo lo contrario. El libro ha sido reeditado varias veces, y una parte significativa de las mujeres y, sobre todo, del feminismo, lo ha recibido con los brazos abiertos. El pacifismo genético al que me refería en el capítulo anterior o las teorías del nuevo liderazgo femenino, también analizados en otro capítulo, tan populares en el feminismo, son una estela de la teoría Montagu.

La teoría de la superioridad biológica de las mujeres no ha causado ningún tipo de escándalo entre todos aquellos que han cuestionado las diferencias entre razas y que sí se han sentido escandalizados por las teorías sobre la superioridad de unos grupos étnicos sobre otros. Tampoco entre las propias feministas, entre las mismas que sí han denunciado, en cambio, cualquier pretensión de una superioridad biológica masculina.

Hay una razón política e histórica que explica estas contradicciones. Los hombres no han sufrido discriminación en tanto que hombres. La han sufrido, como las mujeres, por otros muchos motivos: su ideología, su raza, su religión o su clase social. Pero no han sido discriminados por ser considerados menos aptos o inferiores que las mujeres. En su caso, no se ha producido una discriminación política y social sustentada, entre otras cosas, en la biología. Y en las mujeres, sí. Lo mismo que entre los negros y algunos otros grupos étnicos. Biología y política han sido conectados para justificar la dis-criminación. Por lo tanto, la biología ha pasado a ser políticamente peligrosa.

Como no ha ocurrido así en el caso de las mujeres, la biología utilizada en el mismo sentido, en la sustentación de una supuesta superioridad biológica, no solo ha sido considerada inocua, sino también políticamente simpática. Atractiva, políticamente correcta, aceptable, original, rompedora. Y el resultado es otra incongruencia feminista con la que convivimos en las sociedades avanzadas. Escándalo mayúsculo si alguien defiende o, simplemente, balbucea la posibilidad de cualquier tipo de superioridad masculina en cualquier campo, por muy nimio que sea. Feliz celebración y regocijo si quien defiende o balbucea la superioridad biológica lo hace a favor de las mujeres.

El filósofo Fernando Peregrín puso de manifiesto las contradicciones de ese feminismo cuando resaltó que hay corrientes del feminismo que miran con recelo a Darwin y que consideran que el neo-darwinismo está sesgado por el sexismo, pero que, al mismo tiempo, han abrazado la creencia de la superioridad biológica de las mujeres para luchar contra lo que conciben como consecuencia del neodarwinismo y su propuesta de supervivencia del más fuerte, es decir, la dominación histórica de las mujeres por los hombres en las sociedades patriarcales (1).

No se trata de rechazar aquí las investigaciones de la biología o los descubrimientos de la genética. Debemos estar atentos a todo aquello que la investigación sobre nuestra naturaleza biológica pueda decirnos. De lo que se trata es de que apliquemos los mismos criterios a todas las investigaciones y a todas las conclusiones, sean o no agradables para cada grupo social. No descarto la posibilidad de las diferencias biológicas, entre grupos étnicos o entre sexos. Si las investigaciones que las sustentan son rigurosas, deben ser atendidas. Pero tanto si las diferencias son "a favor" como si son "en contra".

NOTAS DE "LA COARTADA DE LA DISCRIMINACIÓN"

(1). Pascal Bruckner, La tentación de la inocencia, Anagrama, Barcelona, 1996, pág. 31.
(2). En el Libro Negro de la Condición de la Mujer, dirigido por Christine Ockrent, Aguilar, Madrid, 2007, pág. 86.

NOTAS DE "RACISMO PROGRESISTA"
(1). Fernando Peregrín, "Evolucionismos heterodoxos", Letras Libres, diciembre de 2004.

Articulo: http://www.elcultural.es/ 06/03/2008

Publié par Azul@rte à l'adresse 01:12
Libellés : España


Alephgaia:
Aquí queda expresado más claro que nunca el nivel de manipulación que el feminismo ejerce sobre muchos asuntos. Cuando les convienen, aceptan teorías que dejan en buena posición a las mujeres; pero rechazan y critican las otras teorías que puedan dejar en mejor situación a los hombres.
Si la superioridad de un individuo viene dada por su "superioridad biológica" porque resiste mejor a las enfermedades, porque su sistema inmunológico es más fuerte, porque posee un mayor aguante hacia el hambre etc. Entonces tendríamos que revisar todas nuestras convicciones y aceptar que cualquier animal es superior a nosotros. Está claro que cualquier animal es "biológicamente superior" al ser humano, pero eso no lo hace en un Ser superior al humano en todos los niveles.
En estas teorías ultrafeministas se anula la capacidad masculina para la ternura, el amor hacia los hijos, la sensibilidad, todos sus más nobles sentimientos, que solo conceden a la mujer.
Por otra parte, ¿por qué cuando se exponen las diferencias en el cerebro entre los dos sexos, siempre se resalta, recalca, se sublima y se promociona aquellas ventajas femeninas sobre las masculinas, y se anulan, callan y silencian las ventajas del cerebro masculino sobre el femenino: mayor capacidad matemática, mayor capacidad contra el stress, mayor capacidad para resolver problemas de forma inmediata, mejor manejo espacio-temporal etc...?
Como consecuencia de estas teorías feminazis el Estado, al menos aquí en España, ha elaborado un nuevo sistema de leyes discriminatorios para el hombre, resultando en más represivo y punitivo para él, dando como resultado los desmanes y aberraciones judiciales que ya todos conocemos.

2 comentarios:

Sara dijo...

Una observación a este blog: para conseguir la igualdad, primero la sociedad habrá de pasar por una fase de dictadura de la mujer, solo a partir de ese punto podrá construirse la verdadera igualdad.

Alephgaia dijo...

Nunca oí una barbarídad semejante.... bueno sí, en el comunismo: "la dictadura del proletariado", que ya sabemos todo como concluyó. Comenzó con la proclamación de este tipo de dictadura en los paises del Este, que no se extinguiría nunca; sino solo hasta que el comunismo hubo desaparecido en una decadencia total, colapsando el Sistema, y haciendo desgraciados a millones de personas por todo el mundo. Fue el proletariado el principal culpable y la principal víctima de sus propias pretensiones utópicas inalcanzables.
Sara, estás pidiendo que cometamos el mismo error. Esta vez sin justificación alguna, y sin sentido alguno.
Un comentario así es típico de quien cree que realmente la mujer es superior al hombre, y que con una dictadura feminista, ésta, podría perpetuarse en el tiempo, sine die.
Imcomprensible tu idea.